En estos días ha sido ampliamente difundido un video en el que aparece el nuevo director de Petroperú, Oliver Thomas Alexander Stark Preuss, declarando que los campesinos se encuentran en la Edad de Piedra. Los difusores del video lo presentan como si fuese su primer mensaje luego de asumir el cargo.

A los pocos días, sin embargo, se ha propalado una nota de verificación del diario de La República que aclara que esas declaraciones no responden a una entrevista reciente, sino a una realizada y publicada el 3 de enero de 2013, es decir, trece años atrás en el portal La Mula.
Aunque esta argucia puede ser un indicador de encono político o personal contra Stark Preuss, lo cierto es que, si bien es válida la aclaración sobre el contexto y la fecha de las declaraciones, esta no desmiente el fondo del asunto: la idea que el entrevistado tienen acerca de los campesinos.
Sobre esto tratan mis siguientes comentarios.
Foto de portada: Alberto Chirif por Jonathan Hurtado / Servindi
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- sobre lo que piensa el presidente de petroperú
El presidente de Petroperú ha declarado que los campesinos del país están en la Edad de Piedra, aunque al parecer tiene un poco confuso el panorama, porque también se refiere a Bagua, donde los protagonistas no fueron campesinos sino pobladores indígenas de la selva norte. No dice nada, sin embargo, acerca de cómo el expresidente Alan García promovió esa tragedia, primero promulgando decretos que transgredían derechos ya reconocidos legalmente a esos pobladores y, segundo, enviando tropas de asalto para recuperar la Curva del Diablo en un momento en que ya los manifestantes habían acordado, mediante el diálogo con un oficial de alto rango de la Policía, deponer su actitud y retirarse de esa posición.

fuente: cisepa
Declara también, con énfasis absoluto que los moradores de los barrios de San Isidro y Miraflores saben más que los campesinos de Puno, pero no indica en qué aspectos radica su superioridad. Dicho de esta manera totalitaria su declaración solo es expresión de racismo: los moradores blancos y ricos de San Isidro y Miraflores (no obstante, esos barrios tienen también sectores populares y pobres) saben más que los campesinos y los indígenas porque sí, por su origen étnico y su estatus social, tal vez también por su color más claro, a veces blanco.
El presidente de Petroperú no dice nada respecto a la pequeña y mediana agricultura, realizada ciertamente por campesinos, que producen la mayor parte de los productos alimentarios de consumo diario, como legumbres (frejol, lentejas, garbanzos, habas, arveja), hortalizas (zapallo, zanahoria, lechuga, coles), y tubérculos y raíces (papa, yuca, camote, olluco).
Produce también una serie de productos que luego son procesados por grandes empresas industriales para darles un valor agregado: kiwicha, quinua, maca, café (casi en un 95 % de este proviene de pequeños y medianos campesinos agricultura), leche para quesos, mantequilla, etc. Y en cuanto a la ganadería de camélidos, son los campesinos quienes protegen a las vicuñas, animales silvestres que antes de ese cuidado estaban siendo exterminados, y crían alpacas, cuya lana procesada por transnacionales genera millones a la industria.
Como suele suceder, de la riqueza que producen estas actividades, los campesinos solo reciben migajas. Pero este es un tema que ahora no pretendo abordar. La gran agricultura empresarial produce, en cambio, alimentos que no son decisivos en la dieta nacional: espárragos, paltas, uvas, mangos, arándanos, a excepción del azúcar y el arroz (aunque parte de este último cultivo es también producido por pequeños y medianos campesinos, por ejemplo, en el alto Mayo, San Martín).
El presidente de Petroperú ha dicho que él no puede conversar con campesinos que no están a su nivel, ni tampoco pueden hacerlo los gerentes de empresas multinacionales y multimillonarias, con estudios en las mejores universidades del mundo y títulos de doctores, acerca de las políticas de desarrollo nacionales porque no están en el mismo nivel. La asimetría es referida como un hecho dado, como una situación establecida e inamovible.
De esta manera, la democracia queda limitada al diálogo entre iguales, es decir, entre él y otros funcionarios de su categoría y los gerentes de las compañías aludidas.
En efecto, la discusión sobre políticas nacionales de desarrollo es una cuestión compleja, pero considero que es también un tema escasamente comprendido por gran parte de los moradores de San Isidro y Miraflores. Los campesinos y los indígenas tienen, sin embargo, una cierta ventaja frente a ellos, que radica en el hecho de comprender, por experiencia propia, por vivirla de manera cotidiana, los estragos de la contaminación causada por industrias extractivas, como la minería y el petróleo, en su organismo y en el medioambiente que habitan, hechos además comprobados por estudios realizados por organismos oficiales del Estado.
Sus reclamos son concretos: requieren de aguas limpias no contaminadas para regar sus cultivos, para beber, cocinar, bañarse y pescar; de bosques no depredados para aprovechar su madera y demás productos, y, en el caso de la Amazonía, para cazar animales que constituyen una fuente importante de alimentación; y necesitan también que la riqueza que ven pasar ante sus ojos se quede en parte en los lugares donde habitan para así mejorar en los campos de educación y de atención a su salud. Los planes de desarrollo nacional se pueden explicar en términos tan concretos y sencillos como estos, y no requieren de grandes exposiciones de cifras y fórmulas que son, por lo general, una estrategia para confundir y eludir los compromisos que deben asumir los gobernantes.
Debo declarar mi admiración por los seres humanos que pertenecieron a la Edad de Piedra, ya que, a pesar de su limitado y rudimentario equipamiento tecnológico, pudieron enfrentar los retos que les planteaba la vida para alimentase, construir sus viviendas y elaborar sus vestidos. Pero no se contentaron con esto, sino que, mediante su inteligencia, pudieron aprender lo que necesitaban para continuar en la ruta de la evolución que los llevaría a domesticar animales y plantas, descubrir la alfarería hace 20 000 años y la agricultura hace 10 000, manejar el fuego, irrigar desiertos, y construir ciudades, es decir, a construir civilización en el buen sentido de la palabra, no como un proceso de imposición abusiva sobre el otro, sino como una manera de expandir el conocimiento.
En el Perú prehispánico, según información oficial del Ministerio de Agricultura, se domesticaron 128 especies de papas nativas y cinco especies de animales. Con referencia a las plantas, el Perú cuenta con 4000 variedades de papa de ocho especies diferentes, 36 variedades de ají y de maíz, y un gran número de tubérculos y raíces andinas. Esta diversidad biológica, así como la cultural, ha hecho posible el auge de la culinaria nacional que hoy se expande por el mundo entero. Los campesinos y los indígenas actuales son herederos de las sociedades que hicieron posible esos logros de “criar” y proteger la biodiversidad, algo que siguen haciendo.
Por estas consideraciones, llego a la conclusión de que el presidente de Petroperú no pertenece a la Edad de Piedra, pero sí a aquello que algunas personas conciben como tal: un estado de obstrucción de las ideas y del pensamiento sin ninguna posibilidad de evolución. Considero difícil que en el futuro se produzca en él algún cambio que lo lleve por una buena dirección.