Canto a la belleza: "Harmonices mundi"
Mi presentación de "Harmonices mundi", libro póstumo de Eduardo Chirinos, realizada el 17 de febrero del 2026 en el FCE, a diez años del fallecimiento del poeta.
Agradezco mucho la invitación a presentar este bello libro postumo del gran Eduardo Chirinos. No tengo palabras que digan lo que él significó en mi vida y lo mucho que aprendí con el y con sus escritos. Siempre tendré un agradecimiento profundo por su generosidad y por su amistad que nunca conoció de distancias ni de fronteras. Como señala Inamculada Lergo en este volumen, Eduardo es (siempre con verbos en presente) ESPLÉNDIDO, DISCRETO Y VERDADERO. Asi quiero recordarlo, y así les invito a pensar en el. Ahora quisiera dar unas palabras sobre este libro que me ha sorprendido tan felizmente.

presentación
Sobre la obra de Eduardo se han escrito artículos, tesis de grado y posgrado, además de estudios introductorios a su obra completa recientemente publicada en España. Y a pesar de todo lo escrito, que es mucho, es aún muy difícil decirlo todo sobre su trabajo. De hecho, Harmonices mundi pone sobre la mesa nuevas formas de leerlo porque en este poemario estamos frente a dos textualidades que conversan entre sí.
Hacer un análisis del poemario en su complejidad, implicaría leer a la poesía como una suerte de pintura / collage, e implicaría a su vez, leer a la práctica estética mencionada como una obra poética también. Pero hay algo entre estas dos lecturas que quisiera resaltar: los poemas parecen ser rutas de lectura de los ojos de Eduardo, y ahí su particularidad. Los poemas no son entonces descripciones metafóricas de los cuadros, sino que son rutas, mapeos, de cómo Eduardo miraba y construía una relación tensa entre lo exterior, y lo interior, digamos, entre los objetos que miraba y su mirada misma.
Por ello este libro es particularmente importante: porque articula un testimonio de cómo Eduardo creaba poesía y creaba imágenes muchas veces, a partir de las imágenes mismas. Respecto de la forma del poemario, quisiera volver a su primer libro: “Cuadernos de Horacio Morell”, en él tiene un poema que se llama CENTÓN. En este poema, Chirinos define esta palabra y de algún modo, nos acerca a la forma de su poética. Retomo lo que Eduardo señala en los Cuadernos. Cito: “Cuando se habla de centón se refiere generalmente a obrillas compuestas con fragmentos de otros autores, o como explica Luis Alfonso de Carvallo, de una vestidura hecha toda de remiendos y retazos de diferentes paños y de diversos colores” (74)
El poemario Harmonices mundi es un centón festivo, o, mejor dicho, una fiesta visual y sonora en la que se combinan la interpelación estética y la creación de nuevos significantes poéticos creando un parteaguas en su obra. Para explicar mejor esto último que he comentado, quisiera desarrollar una lectura personal de un poema y un cuadro del libro. En el poema LA PIEDRA DEL FILOSOFO (57) por ejemplo, los versos pintan al collage de Loebenstein con sensaciones y con temperaturas, le da la calidad de caliente y seco al cuadro que vemos al lado.
Así, la tierra que identifica como fondo es “fría y seca” y el agua que encuentra como geométrica forma es “húmeda y fría” del mismo modo el aire es húmedo y caliente. Los cuatro elementos (agua, tierra, fuego y aire) aparecen con contextura física, con cualidades palpables y saltan del cuadro y de la letra para generar en el lector sensaciones particulares. Quiero decir, uno no espera encontrar temperaturas en la composición visual de una obra.
Luego, el poema habla de un alquimista, Jabir Hayyan, un científico persa que se dedicó a la alquimia, la astronomía, la arquitectura, la ciencia de los metales y la medicina. Fue farmacéutico, filósofo, astrólogo, médico y polímata. Desde el siglo X hasta la actualidad, se ha discutido tanto su identidad como la extensión exacta de su obra. Sigo con el poema: la mención a Hayyan no es casual. Eduardo crea un centón entre la definición de la alquimia y la composición del cuadro que alude a la alquimia per se, con este doble movimiento, está generando una meta alquimia, si se puede decir de algún modo esta operación en la que hace algo que menciona en el texto. Luego, tranquilamente, como si esta definición no hubiera significado mucho, describe a la tierra y al sol. Cito. “El sol, una esfera de espinas. La tierra, una naranja de oro. Sobre el caballete invertido la trasmutación esperada: una esfera de plata. La luna, una pequeña lágrima.” (57)
En estos versos estamos ante dos movimientos, la incrustación de una referencia compleja como la del alquimista Hayyan y la alquimia misma para crear nuevos elementos en el cuadro. He querido mostrar una forma de leer la complejidad que este libro presenta. Los invito a continuar la lectura del poemario, y con ello, ampliar los límites de su belleza.

Algunos asistentes