Manuel Cornejo Chaparro es literato, y además, ha estado dedicado por más de treinta años a los estudios de la historia y la problemática de la selva. Por ejemplo, es especialista en la época del caucho, en los actores que la protagonizaron, el papel de los intelectuales en ella, asi como en los discursos que circularon en torno al indígena amazónico en la literatura y la prensa de aquel período.
Actualmente dirige el Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica (CAAAP). Y, toda su experiencia y lecturas sobre las múltiples culturas amazónicas, lo han llevado a escribir “El río infinito”, una novela de tinte policial que transcurre en Iquitos, a inicios de la segunda década del siglo XXI (aproximadamente en 2011), pero que se interna en los mitos y en las múltiples temporalidades de las culturas ancestrales, especialmente del pueblo kukama. En este post les cuento lo que pienso del libro.
- ¿de qué trata -y de qué no- esta novela?
“El río infinito. La primera senda de Yaquichán Tapullima” (Lima: Planeta, 2025) del literato y director del Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica (CAAAP) Manuel Cornejo Chaparro, es altamente polifónica, intertextual y poética.

portada del la segunda edición
Esta novela, que cuenta ya con una segunda edición, está distribuida en 21 capítulos uniformes. En ellos se intersecan dos tramas: de un lado, se busca saber quién es el “cortabezas” aquel asesino que ha matado a dos civiles en Iquitos. Y de otro lado, es también la historia de uno de los protagonistas, justamente, Yaquichán, un joven kukama que estudia derecho en Iquitos y que colabora con su novia, Vanessa, en el descubrimiento del caso del asesino.
La trama se complejiza cuando Yaquichán recibe, en sueños, las instrucciones de su abuelo para ser un sabio protector de almas, un diplomático espiritual, digamos, un chamán visionario. Y en ello encontramos alta polifonía, ya que escuchamos la voz del abuelo, quien desde otra dimensión lo guía y le explica cuál es su rol en este otro mundo.
Pero la polifonía es notoria también en la intertextualidad. Me explico, la novela cuestiona/conversa con otras novelas, como la misma “Pantaleón y las visitadoras”, novela que aparece confrontada con la realidad dura y cruel de la explotación sexual actual -y antigua- en la Amazonía peruana. Esto, ya que las victimas del asesino “cortacabezas” ejercieron los roles de los protagonistas de “Pantaleón…”. Pero la novela de Cornejo no solo cuestiona “Pantaleón…” ya que no solo se remite a esa novela si no a muchas otras obras más, si no que alude a una realidad de manera directa, como lo hace también con las masacres de la época del caucho.
La intertextualidad también es notoria cuando habla de cuadros de renombrados autores como Brus Rubio, Gino Ceccarelli, Calvo de Araujo, y Christian Bendayán, después de todo, no son solo pinturas por la forma como las que aborda, sino textualidades más amplias, razones, digamos, para ejemplificar cómo la selva es mejor representada con colores y con trazos, en vez de con palabras.

Calvo de Araújo,. Calvo de Araújo el pintor de los verdes infinitos. tomado de: https://delamazonas.com/artistas/calvo-de-araujo/
La poesía aparece también no solo en las palabras del abuelo, si no en la forma como Yaquichán se enamora de Vanessa, en ello -y en toda la novela- encontramos cero exotismo. En esto y en todo lo mencionado, encuentro una alta valía en esta novela que desde ya, recomiendo completamente. Comparto un fragmento que me gustó mucho en el que se narra una escena de un beso entre el protagonista, Yachichán y Vanessa:
"Se sumerge en la comarca de la gente del río, los yacurunas. Cierra los ojos y está rodeado de pieles de animales y el río celeste es un cielo subterráneo. Responde el beso con todas las ganas posibles y una banda de bufeos negros les cantan una balada de Camilo Sesto, y las tortugas aletean y aletean, y miles de burbyjas los envuelven, y los labios de Vanesa lo mordisquean como pececito de las quebradas, y él desliza su mano encima de sus pechos duros que parecen un fruto desconocido. Ella lo abraza con más fuerza y una sirena rie recostada en una hamaba hecha de piel de boa. Los dos cierran los ojos. Esa boca se incrusta en su corazón y Yaquichán saque que este momento lo recordará toda su vida, como una película que volverá a ver muchas veces. Ella lo sigue besando con esas ganas náufragas de su bella e invisible soledad" (p. 148)