Pedro Favarón es comunicador social, periodista, investigador, ensayista y poeta. Es comunero empadronado de la comunidad nativa de Santa Clara, de la nación indígena shipibo-konibo. Doctor en Literatura por la Universidad de Montreal y Magister en Comunicación y Cultura por la Universidad de Buenos Aires. 

pedro favarón

Lleva más de 17 años trabajando con plantas medicinales del Perú y con médicos tradicionales de distintos pueblos indígenas, tanto de la región andino-amazónica como de Norteamérica. Fundador y director de la Clínica de Medicina Tradicional Nishi Nete. Contribuye periódicamente con la revista El Ojo Interior – Semillas para la Consciencia Ciudadana editada en Trujillo. Vive a orillas del caño del Mapo Tae, en el distrito de Yarinacocha, Perú. 

Su comentario nos presenta la novela del narrador y periodista pucallpino Welmer Cárdenas, que se titula como una canción del grupo Juaneco y su combo. 


La renovación incesante:  a propósito del libro "El llanto del Ayaymama " de Welmer Cárdenas

La selva es un territorio en continuo hacerse. Una ebullición de vitalidad y transformación incesante. Las hojas y frutos que caen de los árboles y se descomponen, son nutricia de los suelos rojos y negros, matriz de nuevas formas. La existencia es innovación constante. En pocas latitudes y geografías se evidencia la naturaleza cambiante y la pulsión de vida con más contundencia que en la Amazonía. Son muchos los viajeros que llegan a nuestra verde matriz de generosidad esperando encontrar un aliento vital que no hallan en sus urbes sofisticadas y reglamentadas. La modernidad occidental necesita salir de las márgenes de su mundo para inhalar un viento refrescante que renueve su fatigada cultura.    

Pucallpa es una de las ciudades del Perú con mayor crecimiento demográfico y económico. La carretera Federico Basadre convirtió al pequeño pueblo, a orillas del Ucayali, en una urbe dinámica y vibrante. Han llegado para habitar en ella rostros de todo el Perú y del mundo entero, impulsados por la esperanza de una nueva vida. A diferencia de otras regiones peruanas, en las que el peso de la impronta colonial ha dejado una estructura social menos permeable y flexible, no importa tanto en Pucallpa el pasado de la persona o su blasón. Cada quien puede forjarse acá el destino que su ánimo y capacidades le permitan. Y las culturas migrantes se han fusionado (aunque con encuentros y desencuentros) con los legítimos dueños de estos territorios, las ancestrales naciones indígenas cuya sabiduría insondable aún no ha sido valorada con justeza.

Estas mezclas de temperamentos, estos roces y continuidades, han dado lugar a manifestaciones culturales de una vitalidad cautivante, con un halo de novedad que asombra. Tal es el caso, por ejemplo, de la pintura visionaria de Pablo Amaringo, quien, nutrido de la savia de los árboles sagrados y de las poderosas visiones del ayawaska, concibió una escuela pictórica cuyo legado se expande y crece en interés. Algo parecido ha sucedido, recientemente, con las notas magnéticas de los grupos de cumbia amazónica de los años 70. 

pintura de pablo amaringo

Elencos como Los Mirlos y Juaneco y su Combo parecen haber llevado a cabo, por instinto y liberalidad espiritual, la consigna artística que concibiera el poeta brasileño Oswald de Andrade: la antropofagia cultural. Y es que fueron capaces de fusionar ritmos tan dispares como la guaracha, la cumbia colombiana y el rock psicodélico de una manera armónica. Se alimentaron de estas múltiples expresiones musicales que llegaban a sus oídos; las rumiaron y las digirieron en un sonido propio que expresa, de forma cabal, el influjo implacable que emana de la tierra colorada. Dentro de estos elencos, Juaneco y su Combo ha recibido una especial atención. Su legado ha sido revalorizado en Lima, dando prueba de ello el éxito del grupo Bareto, quienes han vuelto a dar vida a algunos temas de la agrupación liderada por Juan Wong y el misterio que emanaba de la guitarra de Noé Fachín. 

bareto. fuente: la república

Así mismo, un grupo de músicos franceses y norteamericanos, luego de algunas visitas a la selva peruana, han formado un conjunto musical llamado Chicha Libre; ellos se asientan en el barrio de Brooklin, centro de la cultura alternativa de la ciudad de Nueva York, y desde ahí tratan de evocar (con éxito variado) el poder seductor de la nueva música de las urbes peruanas. Sin embargo, a pesar de este creciente interés, es poco lo que se sabe sobre el mítico conjunto pucallpino. 

Y es ahí donde el libro del escritor y periodista Wélmer Cárdenas, titulado El llanto del Ayaymama, cumple una labor fundamental, pues llena este vacío con conocimiento y talento, con imaginación y experiencia vital. Estos elementos dan como resultado un relato que atrapa al lector de principio a fin, y lo hacen experimentar la emoción de quienes tuvieron la oportunidad de vivir las fiestas animadas por Juaneco y su Combo, así como sufrir junto a ellos las desgracias que marcaron la vida de ese irrepetible conjunto. 

fuente: propia

El libro de Cárdenas tiene múltiples virtudes y sería muy prolongado dar cuenta de todas ellas. Una primera, bastante obvia, es su documentación y conocimiento de los personajes de la agrupación musical, y de la mitología urbana en torno a ellos. También señalo, como otra de los principales logros, el hecho de que el libro está escrito desde adentro, es decir, desde la perspectiva de un escritor ucayalino que vivió los años de crecimiento y auge de Juaneco y su Combo, y que sufrió con la súbita desaparición de más de la mitad de sus integrantes. 

No hay, por ello, nada forzado en el libro, ni moda, ni afán de novedad exotista; se trata de una escritura que destila sincero amor por las expresiones culturales de Pucallpa, y comprensión íntima de las pulsiones que animaban esa música tropical y psicodélica. En las páginas eróticas de la novela, por ejemplo, así como en las descripciones de las fiestas animadas por Juaneco en Iquitos, las palabras de la prosa parecen vibrar a frecuencias semejantes a la guitarra de Fachín o el teclado de Juan Wong Popolizio. Se trata, pues, de un logro literario mayor. Otro de los méritos de la obra que quiero rescatar es la incorporación de las leyendas locales y de una sensibilidad orientada hacia lo fantástico, en medio de la vida cotidiana, con lo cual esta novela se vincula y da nuevo impulso a la tradición literaria de la región amazónica.

Los pobladores de esta geografía fecunda se han contado en las noches relatos que se remontan a los primeros tiempos del mundo, y que dan cuenta de sus esperanzas y alegrías, de sus tristezas y emociones, de sus vidas e imaginaciones, de sus visiones y sueños. La oralidad amazónica persiste siendo un manantial inagotable de inspiración y creación. Poco a poco, esta oralidad ha inspirado a los escritores que se han forjado en estas latitudes, dando a luz obras de innegable talento y emoción como "Sangama", de Arturo Hernández. Welmer Cárdenas, libre de todo folclorismo plano o ya repetido, ha sabido apropiarse también de este influjo de la oralidad y dar muestra de ello en un libro que mezcla la crónica y la ficción, los datos precisos (propios de la investigación periodística e histórica) con las leyendas, los mitos urbanos en torno a Juaneco y su Combo con el relato montaraz de la aves que trinan su canto líquido bajo la luna

"El llanto del ayaymama" da testimonio de una pujante literatura que (a pesar del bajo nivel educativo de la región, del poco apoyo por parte de las autoridades y del olvido sistemático por buena parte de la intelectualidad capitalina) puede ofrecer una renovación y un nuevo impulso a la cultura literaria nacional, y concitar el interés de los fanáticos de Juaneco de todo el mundo.