Kike La Hoz y Renzo Gómez, periodistas, han escrito un libro que se titula "Benditos. 13 historias no aptas para incrédulos". Esta potente narración de 156 páginas y 13 capítulos (7 escritas por Renzo, 6 por Kike) reconstruye la histórica clasificación de nuestra selección al mundial de Rusia. Pero, por supuesto, nos cuenta mucho más allá de las cábalas y supersticiones.

Este libro, nutrido de más de 80 entrevistas con psicólogos, psicólogos deportivos, ingenieros en biomecánica deportiva, y también, por supuesto, a través de un importante trabajo de archivo e investigación realizado en aproximadamente 2 meses que reconstruyen la historia detrás de cada personaje que mañana, 16 de junio, que jugamos contra Dinamarca, seguro, nos harán gritar a todo pulmón.  

renzo gomez y kike la hoz. fuente: andina

Para esta nota, Kike y Renzo me han permitido colocar este fragmento breve del perfil que escribieron de Jefferson Farfán, al que titularon "El Predestinado". Me interesó sobre todo este fragmento porque demuestra lados no conocidos de este gran jugador del que se han sabido sus escándalos, pero no se ha sabido lo más importante de su vida: su infancia solitaria de padre, sus chimpunes, los horarios de su madre versus los horarios de su entrenamiento. Este fragmento es una invitación para que lo compren y lo lean, y conozcan un poco más de uno de los que ahora nos están representando, porque este es un libro que habla de las personas, de las emociones, de las historias detrás de las historias y que da novedades. Muchas.

"el Predestinado"


UN NIÑO CON nombre de prócer norteamericano y piernas de futbolista acaba de cerrar los ojos sobre los pliegues de un colchón viejo. Es de noche al pie de la avenida Los Álamos, en el sector 2 del grupo 16 de Villa El Salvador. La arena de la calle no para de colarse por debajo de la puerta de su casa. Las únicas cosas de valor que tiene dentro son una medalla ganada unos días antes en la Copa Crema 2000, un par de chimpunes marca Febo, y el apellido de un padre ausente desde que nació. Se llama Jefferson Agustín Farfán Guadalupe y acaba de cumplir apenas nueve años.

Fuente: radio capital

Su abuela Pelegrina duerme a su lado, acostumbrada a esas patadas que ya daba desde la barriga de su madre. «Son un augurio», siempre dijo ella. «Son un augurio», repitió antes que nadie en el mundo. Es otra noche en la que Charo, su hija, no llegará a casa: le toca bailar en la peña Poggi de Barranco y, aunque quisiera, no está en posición de despreciar el dinero. Esta vez Jefferson no parece notar su ausencia. Desde el último domingo duerme como un niño que ha descubierto la felicidad: se coronó campeón por primera vez en su vida, jugando en el Estadio Nacional, y fue aplaudido por ser el goleador del torneo con quince goles. Es cierto que llegó tarde a la final porque su mamá se quedó dormida —desgracias de ser bailarina de madrugada—, pero apareció justo para el segundo tiempo. Uno de sus amigos, Jair Céspedes, aún conserva una fotografía en la que se le ve a un lado del equipo colocándose a las apuradas la camiseta del Deportivo Municipal. Después de un empate reñido y sin goles, el triunfo fue por penales y ante el organizador del torneo: Universitario.

Es cierto también que Jefferson rompió en llanto cuando prefirieron darle el premio de goleador a otro niño. Lloró por trescientos soles perdidos de forma injusta, pero lo olvidó tan pronto le colgaron la medalla sobre el cuello. Ese día lo abrazaron como nunca antes. Le dijeron que lograría ganar más plata cuando se convirtiera en un futbolista de verdad. Pero la única frase que se le quedó grabada fue una que siempre le repetiría ese viejo severo y de gafas oscuras llamado Óscar Montalvo, su mentor en las canchas y en la vida. Una frase que, más que un aliciente, era el presagio de un oráculo del fútbol. Desde aquel domingo, cada vez que cerraba los ojos sobre su colchón viejo, Jefferson podía oírla como la primera vez: «Algún día tú harás el gol que nos lleve a un Mundial»

fuente: trome


Foto de portada: La República