Acerca de nuestro entrevistado

El poeta Roy Vega (Lima, 1988) estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Su poemario Rumores de un arpa retorciéndose en la hoguera (Dedo Crítico, 2014) obtuvo una mención honrosa en el VII Concurso Nacional de Poesía “José Watanabe Varas 2011”, organizado por la Asociación Peruano Japonesa. En el 2015, su poemario Muestra de arte disecado (Ediciones Copé, 2016) lo hizo ganar el Premio Copé de Plata de la XVII Bienal de Poesía, otorgado por Petroperú.

roy. créditos de Tatiana mendoza 


(Breve) historia de este concurso

Este concurso fue creado por un grupo de activistas culturales (Carlos H. Berrios, Horacio Alva Herrera, Héctor Centurión Vallejo y Wilfredo Torres Ortega),liderados por el poeta Marco Antonio Corcuera, en 1960. El concurso nació luego de una histórica reunión que tuvieron con el famoso bardo norteamericano Allen Ginsberg, en Lima, quien los alentó a crear este certamen para escritores menores de 30 años. En aquel entonces, la juventud del mundo, en especial la norteamericana, declaraba abiertamente su amor por la libertad y la poesía. 

En la primera versión del concurso, obtuvieron el lauro dos poetas que años después confirmarían su enorme valía: Javier Heraud y César Calvo. Heraud obtuvo el premio con su libro El viaje y Calvo con Poemas bajo tierra, dos libros considerados hoy fundadores de la poesía moderna en el país. Ambos poetas eran menores de edad. Javier Heraud moriría dos años después, a los 21 años. 

El concurso se convocaba cada cinco años y Marco Antonio Corcuera lo mantuvo contra viento y marea hasta diciembre de 1999, cuando lo ganó el poeta Selenco Vega con su obra “Sagrada familia”. Otros poetas consagrados con este premio fueron: Carmen Luz Bejarano, Luis Hernández Camarero, Winston Orrillo, Manuel Ibañez, Antonio Cillóniz, José Watanabe, Jesús Cabel, Juan Ojeda, Jorge Eslava, entre otros.

el proceso de escritura
Me tomó aproximadamente dos años. La escritura de este poemario fue un proceso lento y muy cambiante. Precisamente una sucesión de “etapas”. Al inicio estaba concebido como un poemario-espejo con dos discursos paralelos: uno abocado al fracaso amoroso y el otro al proceso de escritura como catarsis. Al final, luego de una iluminadora lectura de mi novia, le descubrí un nuevo norte al poemario, y lo estructuré como una gran metáfora del poeta que persigue su voz, su lenguaje. De no ser poeta, me hubiera gustado ser pianista.
el rol de los recuerdos en el poemario

Al ser pensado como un poemario con determinadas etapas espirituales o vivenciales, el rol de los recuerdos es fundamental, puesto que “narra” la historia del poeta (o el artista) que primero descubre su futura vocación en la infancia y luego va creciendo con ella, dándole forma, hasta que se vuelve una especie de vida paralela. El tema del juego con el lenguaje, la experimentación, es uno de los pilares de mi libro.

portada, archivos del poeta.

el rol de la memoria
Exacto. En realidad, lo primero que escribí en mi vida fue un cuento, bastante ligado a la narrativa de Bukowski. Al ingresar a la universidad migré a la poesía, creo yo, por una especie de cercanía e intimidad: durante algunas clases aburridas me ponía a pergeñar versos dedicados a alguna muchacha de la que estaba enamorado. Sin embargo, en mis tres libros hay un componente narrativo, porque lo que busco es “contar” historias en mis poemas, y en la estructura de mis libros es también visible una división en “capítulos”. Como bien dices, el componente narrativo es algo inherente a mi escritura.
acerca del diálogo entre epígrafes, originales títulos, y los poemas mismos
Precisamente por tratarse de una macropoética del artista que busca su propio lenguaje, la presencia de los epígrafes, del peso de la tradición, de las lecturas, era fundamental. Todos y cada uno de los poemas tienen epígrafes, y ello genera una especie de diálogo entre la tradición literaria (al menos la que yo he construido) y mi poemario. Esta es una especie de homenaje a la literatura misma, que se refuerza también en el segundo apartado del libro, “Antielegías”.
la experimentación

En este poemario hay bastante experimentación formal. Por ejemplo, numerar una serie de poemas a partir de 0, luego el 00, 000, 0000, ¿Cuál es el sentido de la repetición del 0? ¿Es como el aumento del fracaso? ¿del vacío? Pregunto esto porque esta es una parte en donde se habla de una especie de fracaso emocional.

En efecto, la tercera parte del poemario está enfocada al descubrimiento del amor y el fracaso inminente, así como al papel de la poesía como una catarsis que ayuda a sobrellevar dicha crisis. En cuanto a la titulación, quizás no fui demasiado consciente de lo que podría significar, pero tu ángulo de lectura me resulta bastante interesante.

los runas
Quizás de allí lo de “runas”, que además de ser signos gráficos, escritos, son sinónimo de las cicatrices, marcas o huellas que los sucesos de la vida cotidiana nos dejan en el cuerpo y el alma. Es raro esto que te voy a decir, pero siempre me ha obsesionado la escritura cuneiforme, por su magia, su misterio, su intento por descifrar a la humanidad a través de signos tan complejos. Siempre quise usarlos en mi escritura y, bueno, ahora se dio la oportunidad.
antielegías y personajes
Quizás más que instruir lo que quise fue dar a conocer mi visión acerca de ellos. En primer lugar, estas antielegías cumplen un papel fundamental en la organización del libro: simbolizan el acercamiento del artista a sus primeros “ídolos”, aquellos a quienes quiere imitar y lo han marcado tanto por su atormentada vida como por su obra. Coincidimos en que todos estos artistas que elegí tuvieron vidas difíciles y asombrosas. Y más asombroso fue su arte, plagado de demonios, luces y sombras. Siempre me llamaron la atención y quise rendirles un homenaje (o “antihomenaje”) en clave intimista, como si fueran un grupo de amigos con los que te vas a un bar a conversar.
el lenguaje del deseo

 El lenguaje del deseo, o las runas grabadas en la piel. Cuáles son esas runas? ¿Por qué este título? ¿Cómo así se te ocurrió? El poema que cierra tu libro es justamente de homónimo al nombre del título, y nos habla de la búsqueda de “espejismos que te den calcos de respuestas”, es decir, no es un afán por encontrar “la” respuesta, fiel, concreta, sino lo otro: fiel a la tarea poética, encontrar “calcos”, semejanzas, a lo que podría ser algo que in-forme tu respuesta. ¿Quizás es así? El yo poético que se alimenta siempre de lo desconocido, que siempre tiene hambre de querer saber y sin embargo, que tiene la mesa vacía. 

Pienso que tu lectura es bastante atinada. Como te expliqué anteriormente, las “runas” vendrían a ser las marcas físicas y espirituales que nos deja la vida cotidiana. Pero también son el lenguaje en esencia (misterioso e inconmensurable), la búsqueda que los poetas llevamos a cabo acaso durante toda nuestra existencia, sin llegar a la “respuesta final”. La poesía es una búsqueda y un trabajo constante, un largo sendero de “etapas” que precisamente debemos vivir y sobrellevar. Pienso que cada libro escrito o publicado es una respuesta provisional (diminuta, además) a los grandes cuestionamientos que solemos hacernos los escritores acerca de todo aquello que nos rodea

¿Qué piensas acerca de los premios literarios?

Creo que lo mejor de los premios literarios actuales es que te publican el libro ganador. Quizás esa sea la mayor recompensa, en un medio editorial a veces plagado de argollas y nulo apoyo a los nuevos prospectos literarios. No sé si sean vitales, pero al menos ayudan a que exista una suerte de actividad creativa constante. Y, por supuesto, son un aliciente tanto económico como literario. En el caso del Poeta Joven del Perú, es un concurso muy querido, ganado por artistas de la talla de Heraud, Calvo, Hernández y Watanabe. Hay premios y premios, y este es uno entrañable.

Roy Vega Jácome junto a los ganadores de las menciones honrosas del X Concurso El Poeta
Joven del Perú. archivo del poeta


Foto de portada: El comercio

Poemas


                                                                  —una noche descubrí que bajo mi cama

                                                                      había pequeñas ciudades azotadas

                                                                         por un dios con traje oscuro—

                                                                           

                                                                          entonces mi alma ya llevaba su subsuelo.

                                                                                                           FIÓDOR DOSTOIEVSKI



de niño siempre detesté los rompecabezas.

en cambio, me agradaban los bloques de plástico.

ese plano frío, recto, de los rompecabezas me hastiaba:

las figuritas que se despellejaban con facilidad,

el olor a madera barata, el diseño burdo.

con los bloques era distinto.


                                                              lo primero que construí

fue una especie de edificio alargado.

estaba en compañía de mi hermano mayor, recuerdo bien.

mientras yo construía, él me iba contando una historia.

me decía que muchos esclavos estaban sufriendo;

que el rey de mi imperio era implacable

y exigía más hombres, más decesos.

para cuando terminara,

aquel edificio (era una torre)

quedaría maldito para toda la eternidad.


en su base descansarían huesos mezclados con arena y marfil.

de noche aullarían los espíritus cerca de las ventanas,

y el rey no podría pasar más de una hora en aquella estancia.

                                      al terminar, mi hermano depositó sus ojos en los míos:

«felicitaciones, has construido tu primera soledad».



                                                                      0000

                                                                  traducir el silencio es pretender hacer música 

                                                  donde ya no existen ni la garganta ni el oído humanos. 

                                                                                                                  BLANCA VARELA



esa extraña manera en que nos olvidábamos a lo largo de las semanas.

luego una llamada,

un mensaje,

una señal que nos posibilitara seguir viéndonos en parques o acantilados

que despertaban del viejo sueño de la neblina.

y nosotros también parecíamos despertar por unos segundos,

gracias al beso de bienvenida

sin mirarnos directamente por temor al vacío 

o a los fantasmas que poblaban nuestro tacto.

de repente las charlas y los espejismos,

las caminatas sin tocarnos,

las pocas anécdotas que íbamos construyendo

entre risas y disfraces fuera de temporada.

¿a quién quería engañar?

me era imposible despojarte de tus rasgos humanos,

convertirte en un bloque de cemento y arrojarte al río.

acceder a encontrarnos cuando lo desearas 

se había convertido en mi ocupación predilecta.

y cuando te veía enmarcada en un fondo sepia,

con la simetría de una pluma que ha retado al viento,

no podía sino callar y acumular ideas

que aspiraban a convertirse en algo menos patético que una confesión.

eran periodos en los que nuestras sombras danzaban al ritmo de las flautas enfermas

y un puñado de voces nos cercaban con su lenguaje incomprensible.

y luego de vuelta al olvido,

esa especie de oruga que trepaba nuestros cuellos solitarios y maltrechos

                                                                                      por las caricias extirpadas



                                                                 (el retorno)

                                                   por los barrios hay gentes que vacilan insomnes

                                                      como recién salidas de un naufragio de sangre. 

                                                                                          FEDERICO GARCÍA LORCA


hemos llegado, sin hacer mucho ruido, al club de los 27.

hemos llegado, tras cruzar las lentas llamas del fuego terrenal, a reencontrarnos con las cicatrices de los hermanos ausentes, bellas y taciturnas en el eterno bosque de la herencia.

al fin hemos llegado a reconocer las cimas y los abismos de estos parajes que con alternancia se transforman en noches estrelladas y campos de trigo sobrevolados por cuervos.

cantaremos nuestra historia bajo este gran cartel.