El autor

"Mi primer libro salió publicado el 2002 y publiqué en la editorial de Victoria Guerrero, en el 2015. Fui su alumno en la PUCP. En julio de este año salió una antología de cuentos de talleres editada por Petroperú, el antologador fue Marco García Falcón y salió publicado mi cuento titulado: "Carrera de bicicletas", que también aparecerá en este libro".

Fernando Espíritu tardó 3 años en escribir este libro. Y el cuento "Carrera de bicicletas", que es el más antiguo, lo escribió hace unos 15 años. De hecho, este cuento quedó inconcluso y recién lo terminé el año pasado. Leamos un poco más al respecto.

Lo que dicen del libro

 Marco García Falcón señala: “Los relatos que componen este libro son precisos y concentrados, con un especial talento para dibujar a los personajes a través de sus acciones y el curso de sus pensamientos. Eso y cierta aureola de derrota y de melancolía nos hacen recordar al Ribeyro más logrado de los primeros libros. Fernando Espíritu ha comprendido que el arte narrativo supone un aprendizaje en el que se avanza con paciencia y constancia, y por eso cada una de sus entregas es mejor que la anterior”

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Una reseña más formal de Fernando, el autor

Fernando Espíritu Álvarez ha publicado los libros de cuentos: Hasta siempre, Yoda (2015), Te queda un poco de café (2012), entre otros títulos. Asimismo, ha obtenido distinciones en los Juegos Florales de la Pontificia Universidad Católica del Perú (2013), el Concurso Narrativo “Ten en Cuento a La Victoria” de la Municipalidad de La Victoria (2012), los Juegos Florales de la Universidad Ricardo Palma (1999) y el Concurso “Érase una vez” de la Biblioteca Nacional del Perú (1995). Asimismo, ha publicado los textos de psicología: La pareja en blanco y negro (2013) y La pareja entre el amor y el dolor (2007). En la actualidad, se desempeña como docente en la UNFV y en la USMP.

un fragmento del libro (En primicia)


La imagen de Barbarita ofrecida por mi madre no coincide con mis recuerdos. Ella la describe como una madre feroz y castigadora, preocupada sobre todo por la alimentación y que dejaba de lado el cariño. Aunque no era exacto: “Darnos de comer era su forma de querernos”. Sacrificó los abrazos y besos por la comida. Parecía difícil de creer. Dicen que los abuelos se reivindican con los nietos. Debe ser cierto porque, para mí, Barbarita era la mujer más amorosa del mundo.

Papá parecía no querer a mamá. Jamás la vi darle un beso, ni siquiera una palmada en el hombro, aunque, en realidad, papá parecía no querer a nadie de nuestra familia, porque a sus hermanos y sobrinos los adoraba. Papá conducía un Toyota verde del 96, hacía taxi y era capaz de llevarlos hasta el fin del mundo si se lo pedían. En cambio, a nosotros no nos llevaba ni a la esquina, y ni siquiera se movió cuando mi hermano Ismael se murió.

Estaba de frente y se vio a sí mismo en aquello ojos infantiles, el mismo rostro, la misma expresión. Solo la nariz respingada de Karina marcaba la diferencia. ¿Cómo se le dice a un niño que su madre ha muerto? Por Dios, ¿cómo? Sintió que carecía de palabras. Contempló la luna por la ventana y la angustia subió hasta la garganta.


Portada: foto de Expreso