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Fuente: la república

El juicio para el que no existen palabras: El Baguazo

Publicado: 2017-05-31

La madrugada del 5 de junio del 2009 amaneció con 23 policías y 10 civiles fallecidos. Ese fue el saldo que dejó el “Baguazo”, una de las mayores tragedias en cuanto a conflictos sociales en nuestro país, pero también una de las muestras más grandes de las alianzas andino amazónicas, como llamaría Roger Rumrrill a este evento, y una de las muestras más poderosas de cómo los mal llamados “subalternos” ejercen su agencia y demuestran una épica social: una lucha no del todo perdedora que “persiste aún más allá de la muerte” (Beverley, 83) por transformar la colonialidad del poder.  

Este suceso, a todas luces injusto, fue el final de la segunda huelga contra los once decretos legislativos que afectaban a las comunidades nativas y pueblos indígenas de la Amazonía. 

Desde ese día hasta el día de hoy han sucedido muchas cosas. Se hicieron, por ejemplo, dos documentales interesantes: el mejor, en mi opinión, de lejos, “La Espera. Historias del Baguazo” del gran Fernando Vílchez. Un documental completo (y de acceso libre en youtube) en el que la idea principal era demostrar que el único perdedor había sido el Perú mismo, y en donde los enemigos no son más que hermanos que no se reconocen entre sí. El argumento es más complejo, porque reúne detalles, testimonios y diversas conversaciones pertinentes, pero el resumen es ese: enfocar la narrativa del Baguazo como un malentendido, como un enfrentamiento entre dos iguales que sufren igual, y que no logran reconocerse como tales y que se atacan y se violentan básicamente por no reconocerse de tal modo.

El otro documental, bastante más sonado pero bastante más ineficiente es “El choque de dos mundos”. En este documental la mayor ventaja es el material de archivo que expone, pero su gran falencia es, por ejemplo, la gran ausencia de Mercedes Aráoz, importante personaje, y el elegir a Alberto Pizango para contar, a través de su narrativa, la historia del mencionado evento. ¿Por qué Pizango? Sin duda, da una nueva perspectiva, y lo apreciamos quienes conocemos este evento desde dentro, pero… ¿no pudieron elegir otro líder, digamos, con actos más coherentes?

En estos años se han realizado eventos diversos que han buscado discutir alrededor del Baguazo: conversatorios en la PUCP por ejemplo, y se han propuesto diversas publicaciones en revistas y algunos libros también sobre el tema. Pero el gran paso se dio el año pasado, cuando el 22 de setiembre la Corte Superior de Justicia de Amazonas exculpó -por la muerte de los 12 policías-, a los 52 acusados indígenas que participaron en el primero de los tres eventos que componen el Baguazo. 

Respecto de la sentencia, muchos celebraron lo justa que había sido al liberar a los indígenas, quienes habían estado desarmados, y quienes, como demuestra la pericia balística adjunta a la sentencia, no habían disparado a los policías. Otros reclamaban la injusticia de dejar “impunes” a “asesinos” que supuestamente debían estar condenados por la muerte de los policías. Más allá de las opiniones de unos o de otros, lo cierto es que esperar siete años para un juicio, en condiciones excesivamente difíciles, es, por demás, indignante.

danny lopez. fuente: soybagua

Es decir, ellos no esperaron en una cárcel de oro como otros presos, ellos esperaron en condiciones realmente terribles, como Dany López, padre de tres niños, para quien la Segunda Sala Penal Liquidadora de Bagua dispuso una modalidad extraña de encarcelamiento: “arresto domiciliario” en una casa que no es la suya y sin las condiciones necesarias para una vida digna.

Además, esta extraña forma de carcelería le priva el acceso a algún medio de trabajo con el cual mantener a su familia, y vive actualmente de la caridad de las personas que le dejan víveres en la puerta de la casa.

Un caso semejante fue el de Asterio Pujupat, quien sin más pruebas que la de haber aparecido en una fotografía durante el paro amazónico, permaneció más de dos años preso en el penal de San Humberto de Bagua Grande. Él se vio obligado a permanecer en una casa ubicada en Jr. Cuzco N° 700 de Bagua Capital, en donde no cuenta con trabajo y padece de una situación parecida a la de Danny.

¿Es justo esperar la “justicia” en estas condiciones? 

Hablamos con Santiago Manuim respecto del juicio, y aunque no podemos revelar toda la conversación, sí podemos revelar un detalle que nos parece relevante: como nos dijo el apu, “el Baguazo fue una defensa por la vida (…) no estamos de acuerdo con lo que nos han hecho, esto ha sido parte de una gran discriminación y aunque nos han dado la absolución, hemos visto que no tienen consideración con las personas que tienen distintas hablas. En el Perú se hace justicia de diferente manera, la pluriculturalidad no se ha respetado...”.

dina ananco. fuente: proycontra

De hecho, uno de los acusados murió esperando justicia, mientras el juicio tomaba su tiempo en ser elaborado. No obstante, reconocemos que este larguísimo juicio tuvo varios niveles de complejidad, es bien sabido que el Baguazo implicó un juicio en el que varios de los cargos no tenían traducción, como comentó Dina Ananco –traductora del juicio- a la cadena BBC Mundo. En sus palabras: "Me han criticado por preguntarle mucho al fiscal, pero esos delitos no existen como conceptos en el idioma wampi”.  

Del mismo modo, aunque tener intérpretes significó un avance desde la perspectiva intercultural, ellos tuvieron que viajar 20 horas en autobús hasta Bagua, porque con lo que les pagaron por su trabajo no alcanzaba para viajar en avión y además cubrir alimentación y hospedaje.

Pero no solo eso, como recopila Amnistía internacional los policías fueron responsables de un uso indiscriminado y desproporcionado de armas de fuego contra civiles indefensos, entre ellos menores de edad. Amnistía viajó a Bagua (17) y se entrevistó con más de 20 pobladores de Bagua chica y grande que se encontraban en la calle cuando sucedió el Baguazo, incluida una niña de 7 años que estaba jugando en la calle, Leydi, quien recibió un impacto de bala en el tórax proveniente, al parecer, de un francotirador apostado en un tejado. 

O el caso de Jhon, quien perdió su pierna y que actualmente, como todas las demás víctimas, lucha por vivir sin tener ni una pensión ni un juicio por todo lo que les ha ocurrido. Nos preguntamos si el juicio por el que los indígenas esperaron enfermos, angustiados, enfermándose más aun fue realmente justo. 

¿Acaso mencionar la palabra “interculturalidad” tantas veces en la Sentencia realmente implica que esta se practicó? ¿Acaso dedicar un acápite entero a colocarlos como sujetos de estudio demuestra interculturalidad? Y ¿qué hacemos con las victimas que no tenían nada que ver con este juicio y que son totalmente invisibilizadas? ¿Habrá juicio para estos policías que dispararon contra ellos? ¿Cuál es la justicia para los que actualmente cargan con la peor parte de este evento? ¿Acaso con la sentencia ha terminado “realmente” el Baguazo? ¿Han bastado siete años para curar las heridas de este evento?

Creemos, por supuesto, que no. Y creemos que lo más importante de resaltar sobre este evento no es la “feliz” solución de la absolución, sino más bien resaltar que el Baguazo sucede hoy, mañana, pasado, ocurrirá siempre que haya víctimas impunes, siempre que los indígenas se mantengan en una situación de desigualdad y abuso, y siempre que los civiles que siguen lesionados se mantengan en una situación de total desprotección.





Escrito por

andrea.cabel

tesista ser, como Jedi es. trabajar en bata puedes.


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de un silencio ajeno

Un espacio para la discusión de literatura, cultura y (a veces) política.